jueves, 20 de diciembre de 2012

Esto es entre nos, asere.

La conversación se aparecía con rapidez involuntaria. Siempre mezclábamos ideas y sueños, cuando de pronto y lejos de la parada en la que nos había dejado la charla bendecida con un buen roncito, dijo:
-Yo siempre dije lo que pensaba, allá, y aquí también digo lo que quiero, - me dijo Emilio, más colorao y alterado que de costumbre.
Lo miraba mientras pensaba en algunas de las cosas que más me ha gustado en la vida, un buen bistec de hígado de puerco, y la vista traspasaba la cortina de su rostro ¨disidente¨ y¨ valiente¨.
- Brother, ¿qué pinga é?- casi que gritándome.
- Discúlpame mi hermano, es que, ando medio comemierda en estos días y me distraigo muy fácilmente- dije convencido de mi respuesta.
- Lo que pasa es que allá, no me dejaban decir mucho, ya sabes que a la gente como yo, que pensamos como pensamos nos cerraban las puertas en todos lados.- seguía diciéndome Emilio.
-Asere, pero dónde tu decías esas cosas.- interrogué.
-¿Yo?, ah, déjate de historia ¨ambia, yo en las Asambleas de Rendición de Cuentas lo que metía era ¨candela¨,- con creencia absoluta me dijo.
- Emilo, asere, si tu nunca fuiste a nada de eso, malamente te presentabas en las votaciones esas de la Circunscripción, ni trabajo voluntario del CDR, ni ná de eso. La única vez que te vi en el barrio fue en la repartición del ¨Panda¨, y en las fiestas del 26, tomándote el ron mata rata ese, con Robertico el difunto, Rafe, Abelito diente e´ oro, y el hermano de él, que no recuerdo el nombre, a ver; ese que es pajero, o al menos en aquella época era un ¨animal¨ en el barrio y en tó Cienfuegos. 
-Déjate de cuento Agüi, que tú sabes muy bien que yo a Fidel y a  los comunistas esos no los pasaba, y que me fajaba con todos los chivatones.- Balbuceaba molesto.
-Está bien compadre, si tú lo dices.
- Y ahora lo que más me molesta es que de allá vienen una pila de gente que llegan y hablan bien de aquello, porque son unos descarados, unos trastes, chivatones arrepentidos.
- Asere, esto es entre nos, tu nunca fuiste disidente, ni opositor en Cuba, no trates de engañar a nadie que te conozco bien, deja de hacerte el valiente que hablar en la distancia te resta todo el valor o al menos el poco que te tocaba por ¨la libreta¨ de la vida. El lío es allá, si no protestaste por aquello, no lo hagas ahora queriendo engañar a una pila de ¨yumas¨ estos con tus historias inventadas, que créeme, das vergüenza. 
- Eh, ¿qué cojone es eso asere?
-Tú sabes, pa´ qué preguntas. Siempre estás en lo mismo con lo mismo chico. En tu puta vida, hablaste de represiones en Cuba, ni de torturas y censura. Tú desaprobabas los exámenes de Historia de Cuba, y aquí en España, si te hacen uno de este país, no coges ni puntos por poner tu nombre, déjate de ¨ películas ¨ ya compay, que te conozco como si te hubiera parido.
- Ah, pero es que aquí yo si tengo libertad de expresión y puedo decir lo que me dé la gana, y nadie me lleva preso por pensar como pienso.-Dijo con un ¨empingue¨ que se  le respiraba.
- Emilito, mi hermanito. ¿A ti no te da pena decir eso? Con más razón, te estás auto declarando el pendejo del año, asere. Si tanto te molesta el sistema ese por qué carajo te viniste a decir cosas en  esta plaza, o al menos si lo hubieras hecho allá, pasaría, pero, no sería mejor qué lucharas allá, comiéndote el cable de todo el mundo, en vez de estar gritando aquí, que eres un salvaje y que no vas a dejarles unos ¨fulas¨ al Fifo, pa que siga con su política  cuando en verdad vas a gastarte hasta la vida, además de todos los ahorros que en dos años puedes acumular ¨fiera¨.
No me respondió Emilio, buscaba en algún baúl añejado por el descuido, alguna frase histórica y concienzuda.
Yo, me llevé un trago de Ron caliente a temperatura ambiente, mientras se me mezclaba la imagen del bistec de hígado resuelto por mi abuela, cocinado por ella,  plátano frito y arroz de la bodega, con las palabras que acababa de lanzar a los receptivos oídos de Emilito.  
Al fondo de la escena, llegaba la voz de Willy Chirino, ¨ya vienen llegando, ya todo el mundo lo está esperando¨. Todo un himno, para los disidentes históricos, balseros, y opositores coloquiales. Yo la cantaba, al mismo tiempo, el ron me refrescaba una idea extraviada y Emilio me decía, que no ¨podía¨ con los comunistas, que no los soportaba.
- Y ahora estoy tomándome este ron con uno, que además canta las canciones del mejor de los soneros cubanos,- me dijo con mofa exponencial.
-Esto es entre nos, asere. Tú no sabes nada del comunismo y al parecer tampoco nada de música cubana. ¿El nombre de Benny Moré no te dice algo? No se puede ir por la vida hablando de los que no se sabe y no se hace, - dije apurando mi trago de ron cubano, lo abracé mientras abría otra botella pa ¨espantármela¨ con Emilito.


   





jueves, 13 de diciembre de 2012

¿Dónde está mi bandera cubana? Gritó Byrne.


-¿Tu no tenías lo ojos claros?
Me preguntó en cuanto me vio, después de saludarme con alegría y sobrellevada emoción.
- Verdes-, le dije rápidamente  y traté de abrirlos más para que notara el color que años tras años había escuchado decir que tenían  mis ojos.
Nos sentamos en aquella sala, desierta de emociones inventadas y llena de gente querida y extraviada.
-¿Qué tal el viaje?- interrogó.
-Entre la inmensidad de Barajas, la llegada a Lisboa, las luces de la ciudad, el sabor del vino, mi regreso a los pocos días a España con mi entrada triunfal a Sevilla y específicamente a Brenes, ando bastante contrariado y expectante,- le dije sin respirar.
-Tenías que haber venido primero a Granada compadre, estás de madre. Tienes que tener cuidado, ya esto no es Cuba. Aquí la gente es más sensible.
- Ya... -intenté decir.
-......además aquí te estábamos esperando todos, desde el primer día-, me decía mientras interrumpía mi exposición de palabras.
- Yo tengo otros amigos, que me esperaban igual, además se desplazaron hacia la frontera a más de 500 kilómetros para recogerme.- se me ocurrió decir la primera verdad, sin adornos ni excusas.
- Bueno ya da igual.
Los rones, cigarrillos de liar nuevos para mi universo, quesos, jamones españoles, vinos y una carne con una salsa bechamel conformaban la invasión directa a mi paladar criollo de arroz y frijoles.

Llegó la hora de los consejos, las expectativas personales, las ideas anti-totalitarias, el comentario político sumado a la visión general de una Patria ganada por el sacrificio personal. Con demora planificada luego de una charla amena y equitativa la despedida del día se hizo presente con la certidumbre de encontrarnos prontamente.
Dos besos en la mejilla, a la española, y la frase de costumbre me alejaron por unos dos días y varias horas de aquella cultura adquirida que  en pocos años se esforzaba en ser auténtica y autóctona.

El tiempo próximo me llevó hasta un bar en el mágico barrio El Realejo, en esa Granada lorquiana y magnánima.
Entre Alhambras 1925 y tapas marítimas, se desarrolló la conversación unidireccional.
Él con esa autoridad auto otorgada que da haberse leído unos libros, comentaba sobre un nacionalismo creado e inventado por algunos pocos, y disfrazaba con soberana autoridad que las insignias nacionales como aquella que no consideraba suya no eran más que inventos humanos que precisaban de la marginación actual.

-Todas encierran fronteras y manipulaciones políticas.- dijo sin reparos.

Yo escuchaba al mismo tiempo que me encontraba entre tapas andaluzas de salmón y la espada en la garganta con la lengua amarrada.
- Personalmente pienso que…, - iba a decir sin interrumpirlo.
-Compadre, deja que te explique, esta gente sabe lo que te están diciendo, ellos si saben de nación, banderas, y patriotismos inventados.- me dijo mi amigo, uno de mis cubanos preferidos de la época.
-Está bien Guillermo, mi hermano, todo eso está bien, pero de mi bandera y de lo que un cubano siente por ella, de eso no puede hablar él ni nadie.- espeté enérgicamente.
- Lo que pasa es, gordo e´ pinga,- y se reía con esta frase,- es que los cubanos están acostumbrados a la ‟muela” esa de que la bandera, el imperialismo, el capitalismo salvaje, y el cubanismo inventado ese. Eso es mierda  pura y manipulación, los españoles si saben lo que es eso, ellos no creen en banderas, ni en fronteras.
Aguanté la risa y las ganas de golpearle la nariz. La prosa de Bonificio me martillaba la cabeza, me descojonaba el alma, y me lanzaba a cargar al machete.
En las paredes de mi cráneo me golpeaban incesantes las palabras del poeta.
Orgullosa lució en la pelea,sin pueril y romántico alarde;¡el cubano que en ella no crea se le debe azotar por cobarde!
Las letras se me dibujaban en la cabeza, y la Alhambra 1925, fría y exquisita me susurraba control. 
¿No la veis? Mi bandera es aquella que no ha sido jamás mercenaria,y en la cual resplandece una estrella,Con más luz cuando más solitaria.
- Lo que pasa es que lo cubanos siempre estamos en lo mismo, no aprendemos, no queremos aprender. Rauli, está gente si sabe, que todo eso de las banderas es un invento pa´ manipularnos los políticos  y los poderosos, para crear fronteras. No te cierres compadre.- me golpeaba cada vez más.

El andaluz hacia cada vez más, gala de su teoría conceptual, y dibujaba con rebuscadas palabras de literato empedernido, su visión anti-nacionalista, y retórica anti falangista, que recuerdo muy bien que fue el único punto que encontré compartir con aquel culto señorito andaluz. 

Mientras tanto Byrne seguía recordándome sus versos.
Si desecha en menudos pedazos llega a ser mi bandera algún día...¡nuestros muertos alzando los brazos,la sabrán defender todavía!...
-Si la bandera española, ha pasado por tantas etapas, entre colonialistas, republicana, falangista, borbónica, españolista, porque se tiene que comparar con aquella, que no ha defendido más que la idea de ser soberana.- continué diciendo.- Además, la historia española en gran parte es una historia de colonialismo, mientras que las cubana es de independentismo, no me parece justo calificar igual estos conceptos nacionalistas y de desarraigos patrios. - exclame convencido de la fuerza de la idea.

- Escúchalo y aprende.- me dijo mi amigo cubano por nacimiento y español por papeles ganados.

Me quedé en silencio, convencido de que la cerveza me había aconsejado bien.
Y pasó la noche, pasó.

-Ya tu no vives en Cuba, -me dijo ella días después,- aquí las cosas son diferentes y mejores.
Yo sin temor alguno a equivocarme me quede con mi Cuba visceral, sin responderle y agenciarme un destierro particular e inventado, convencido que la Patria se vive y se carga con ella, sin esa necesidad emergente de tomarla  como pedestal. Y recordé al poeta decir otra vez.
En el fondo de obscuras prisiones no escuchó ni la queja más leve,y sus huellas en otras regiones son letreros de luz en la nieve...

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Una historia muy personal.


Cada ocho de julio, al amanecer terminaba con ellos en la cama, escuchando gráficamente los eventos asociados al paritorio de mi madre, los humos entrelazados del cigarro del Cojito con los de mi padre, más la desesperación y expectativa, de esa mañana esperada, constituían el oleo de la narrativa matutina.
Tremendo lío, esos dos seres juntos, se querían desde ya.
Me contaban, que mis ojos nacieron abiertos y observadores, que me contentaba con el indicativo de mi dedo zurdo en la boca, refrescando mis ansias de comer.
Con cuarenta y cinco días de hospedaje en este mundo, me dejaron en la sala de los más infantes del círculo infantil Niños Felices de la Primera de Tulipán. Ocho horas de trabajo que le daba a las cuidadoras, alimentándome, aprendiendo y durmiendo; pocos días después el Circulo entero  nos ingresó a la mayoría de los niños en el hospital de la ciudad, debido a una intoxicación provocada por un envenenamiento que causaron los opositores al Gobierno en el depósito de agua potable. Fui una víctima más de aquella inhumana acción. Sobrevivimos todos, nadie perdió el camino.
Cada día ocho de julio escuchaba parte por parte, como grabación invariable, las patadas que le daba a la panza de mi madre; las mismas patadas que años después lancé sin objetivo exacto en un Dojo de la calle Dorticos que bajo la lluvia cada tarde mis padres me llevaban y regresaban luego al Tulipán de todos los días. 
Ahí mismo en el barrio aprendí a crecer en altura e ideas. Nos refugiábamos, mi primo ¨pomponio¨ Pelo Saco y yo en un agujero antiaéreo que había hecho el marido de mi tía Iliana, en la entrada de la casa de mis abuelos. Tanto temor a una invasión gringa le apuró la capacidad de construir su guarida bélica. Bajábamos cada tarde al hueco hasta que abuela nos agarró con Yamury, la doncella del barrio, y la novia de todos nosotros, en pleno toqueteo infantil y descubrimiento de nuestra sexualidad emergente.
El pichón, Janvier mi primo, el dúo de Los Isleños, Totico, El bolo, El pelú, Lazarito, Orín el preservativo, Leopordo, Rafelito, Los preña carneras y El negro fueron integrantes indisolubles de aquellas pandillas mutantes, que entre juegos de bolas, trompos, y catanas, nos caíamos a pescozones constantemente. También estaba mi hermana y sus amiguitas, con el lenguaje de las PE, diciéndole a Migdrey, ¨TePe tenPegoPo quePe haPablarPa paParaPa miPi herPemaPanoPo noPo mePe enPetiPiendaPa¨. Toda una clave anti espía que me enverdecía de la rabia por no enterarme de sus amores pioneros.
La separación vino con el preuniversitario en el campo, el Dimas fue la gran escuela, guaperías deformes, fugas del trabajo agrícola, sexos rápidos y repartidos, broncas sin sentido en el albergue, alcohol casero, y un hambre que asustaba a cualquiera nos marcaron para siempre.
En esa escuela imprescindible decidí por voluntad autónoma agenciarme un carnet de la Unión de Jóvenes Comunistas, la entrega la harían en el Parque Martí, en medio de un acto por el 28 de enero, aniversario del natalicio del apóstol.  Llegué temprano acompañado por mi padre y nos encontramos la voz que anunciaba mi nombre a una multitud revolucionaria al mismo tiempo que visualizamos a otro Raúl, que con mis apellidos, recogía lo que me pertenecía. Primera decepción y derribo a la lona como el  KO, desorientador en el primer asalto.
Años después, con la misma voluntad y decisión personal abandoné aquel cartón fotografiado y firmado, por una conciencia más limpia y genuina.
Las antorchas de aquella noche, no alcanzaron para alumbrar mi militancia comunista en la organización.
Yo también les contaba, a veces, que en la Universidad, me encontré a un Otto que decía que había que hacer sacrificios; que la juventud es el motor principal de las Ideas, luego embriagaba ese mismo discurso entre una botella de Habana Club 7 años con cuerpitos del mejor camarón de la Isla y langostas prohibidas en un lugar no muy lejano, donde algunos lacayos garantizaban que la élite se sintiera cómoda, cuando los sacrificados jóvenes se nutrían con unos calamares fétidos y viejos en un comedor sucio y descuidado. 
Existió un ministro que decía en esa misma Sede, que si la necesidad obligaba, se iría caminando hasta Santiago. Que la falta de combustible no afectaría su trabajo. Otro que no era ministro ni na´, pero comunista de papel, decía que era cuestionable que el vicio del cigarro formara parte en la vida de un revolucionario. Tanta idiotez me hizo intentar abandonar el teatro, tronchándome la salida la vice-decana, que con mano estirada y autoritaria me dejó entrever que era imposible escapar de tanta estupidez. Recordé al Che con sus tabacos en la boca, también a Lenin con su pipa, y se me deshicieron en el suelo las ideas y la ilusión.
Cada ocho de julio, buscaba el calor de mis padres en esa cama legendaria y pacífica. Encontraba las mismas palabras que años tras años escuchaba sin perder detalle, y la historia era nueva y querida. Los humos, la voz anunciando mí llegada a la vida, la teta de mamá en la boca luchando con mi único índice zurdo. Creo que  nunca escucharé mejor historia.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Un poco de todo y mucho de nada.

Me contó que aquella tarde iban en la guagua, porque habían salido del trabajo como todos los días y regresaban a nuestro Tulipán añejado y empolvado de siempre, cuando se presentó a la vista de todos, el escenario grandilocuente de una sociedad amalgamada entre gritos y lanzamientos de embriones de gallina. Huevos, benditos de la canasta básica  Revolucionaria que se convertían en menos de una eyaculación precoz, en la granada más mortífera de la dignidad humana.
Él acompañaba a mi madre, que a su vez me acompañaba a mi, que me movía con insistencia en esa camita feliz que resulta ser por nueve meses el vientre femenino. Yo sin dudas los acompañaba a ellos, ajeno a las revueltas más seudorevolucionarias de la historia cubana y universal.
Me contó que entrando ya en territorio marginal, con esa estirpe mambisa, machete en mano, salió a dar la cara un mortal, y gritando con voz calmada y baja, aclaró que al primero que se le ocurriera lanzar la granada alimenticia, recogería su mano antes que la cabeza. Angela sabiendo de la bravura de aquel, reorganizó a su pelotón y marchó en búsqueda de otros emigrantes, ¨escorias¨, ¨gusanos¨, ¨contrarrevolucionarios¨ de pronta estampida. Ella misma, compañera de los programas y organizadora de piquetes antinaturales, comunista por auto declaración y leninista porque tocaba por la libreta de abastecimiento, logró años después permutar sus creencias fidelistas, por las cristianas, emergentes del periodo especial.
Aquel mambí moderno marchó a un norte revuelto y deseado, sin manchas de huevos en la memoria personal. Mi padre aun lo recuerda como salvador de lo que a él le tocaba enfrentar: el desorden y el sinsentido de la violencia acumulada en un huevo salvador de una cena años después.
La Micro Fracción aun existe Raulito, en este país, que ni es comunista ni es na´, dijo mi conciencia, el día que Carlos, mi compañero en la Facultad de Ingeniería, me avisó que no podía llevar aquel pulóver blanco como la paz, porque estaba manchado con esa pequeñísima bandera norteamericana y ¨enemiga¨.
Carlos, -le dije- mi hermano, deja la anormalidad, que en primera. no tengo otro, en segunda, esta es la bandera de Lincoln y de Malcom X, y la respeto como a cualquier otra, y en tercera asere, no me vengas con estupideces, que ya estoy hasta los cojones de lo mismo.
Él, con esa sabiduría que le otorga el hecho de ser presidente de la FEU, militante inclaudicable de la Juventud Comunista, y portavoz de una sabiduría administrada por un titiritero oculto, me explicó coloridamente que era una cuestión de patriotismo rechazar cualquier símbolo de  invasión ideológica  que tenía que ajustarme o presentarme a un posible consejo disciplinario. 
Cuanta utopía rota. Se me borró la historia de Hemingway, besando la tricolor de la estrella solitaria a su llegada a La Habana en el 54, se me fue también por el caño la increíble leyenda de Henry Reeve.
Seguí llevando mi único pulóver revolucionario, con la barras y las estrellas en miniatura, sin ofender a nadie más que a la idiotez humana. 
Resulta tan extraño todo.
Años atrás mi padre me comentó el día que detuvieron a mi abuelo, y le plantearon por necesidad histórica y seudojustificada que tenía que irse del país. Aquellos hombres grises le habían colocado en sus manos de jugador empedernido de bacará y boxeador prematuro, un documento que a sus ojos analfabetos se le ocultaba el significado de la propuesta partidista. Mi madre, sabia lectora homologada con su sexto grado de educación, le tradujo al Cojo Bibijagua, que aquella cuartilla le recomendaba que se marchara a una orilla distante y enemiga, que lo botaban para hacerle el favor a una sociedad que se construía con los más elementales principios cívicos y humanos.
Él Cojo, había boxeado con cuanto campeón popular le llevaran, era experto cargando dados y marcando barajas, conocía como nadie la seducción criolla en los versos de cuantas rancheras mexicanas existiera, sabía corresponder a la injusticia ajena con puñetazos y retoricas. Sabía como pocos,  querer a los niños, conocía de rones, cigarros, y sexos robados a mujeres. Era desde que nació un paciente caminador y hablador. Esa tarde, con la misma paciencia con la que trotaba por la vida, respondió a los grises ejecutores de la barbarie, que cuando se fuera Fidel Castro y todos ellos, se iba él.
A mi no me pudieron botar Agüi, me aclaró tiempo después.
Me contó que no se dejó poner el nombretico de escoria, ni de excluible, que el se llamaba Cándido Rodríguez Juvier, y que sus amigos, que eran todos, le llamaban El Cojito.
Mi padre también me contó que un día él mismo disparó contra unos invasores, que entraron de madrugada en una playa, que no le temió a la muerte visible y primaveral. Qué aquellas granadas blancas y digeribles que lanzaban a los cubanos emigrantes le dolieron en el pecho tanto como las que mataron a sus compañeros del pelotón en abril del 61.
Él Cojo, se murió en una cama cubana, sin pasar frió, ni hablar inglés, lo enterramos como raíz preciosa en las tierras del viejo  y empolvado Tulipán.
Carlos, viajó por el mundo conocido, regresó,  ahora es dirigente de camisa a cuadros y panza llena, y aun no sabe porque la ideología ni se enseña ni se prohíbe. Sigue siendo él, un cuadro más. 
Angela no sé en que templo estará rezando y pidiendo perdón a su Dios, eso espero, por los pecados cometidos con los huevos en la mano.  
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martes, 13 de noviembre de 2012

La barbería de Aldito.

Ahí mismo en la sala de su casa sin terminar plantó su barbería, llanta de camión soldada a un sillón de alambrones que giraba sometido a la mala lubricación de una caja de bolas rusa; espejo manchado y caja de zapato para las herramientas, escoba y recogedor. Acompañaba el cuadro criollo barberil, un ventilador con motor de secador de maquina de lavar, también rusa, y a trabajar. Los frijoles llegaban por esa vía, cortando y quitando lo que los clientes le pedían. Aquella sala estaba siempre llena de gente del barrio; cazadores de vidas, chamacos que pedían a gritos entre botellas de alcohol y populares de bodega, unos fulas más y la oportunidad de buscarse la vida.
Aldito había sobrevivido a la Tormenta del Siglo, bueno, en verdad sobrevivió a la mitad de mierdas de su casa que casi le aplastan la cabeza y el pecho. Lo atrapó durmiendo y sepultado quedó. El dolor vino horas después cuando materializaron la desmaterialización del Gao, la casa, el templo viejo del barrio de Los Obreros.
Siempre fue como mi casa, sin tocar la puerta me adentraba hasta la oscuridad de la cueva. Su hermana, que también era mi amiga desde pequeños, encontraba su dialogo con Dios en cinco metros cuadrados, donde cohabitaban entre colchones recogidos, gasificador de brillantina y la maquina de coser de Alfa, su madre,  que era desde los tiempos memorables de los productos soviéticos, su medio de trabajo.
No recuerdo a Alfa descansando, desde que quedábamos para robarnos los mangos en casa de Parodi, nos decía, en su clip clip del pedaleo de maquina, que nos cuidáramos.
Maito, ripostaba, con cada trago matinal y noctambulo diciendo en voz muy bajita que la pobreza pasa, la deshonra no. Con José Martí, creo que vivía sus borracheras permanentes y desaceleradas. Los mejores buches de café malos me los brindaba  Maito, cuando iba hasta su cocina a preguntarle como estaba, siempre me miró a los ojos, me apretaba la mano, y como hacen los hombres de bien me daba el mejor consejo, de que no bebiera ron.
Yaremis se fue hablar con Dios en otro idioma, con la sentencia característica del be or not to be, nos dejó como herencia, un cariño que es imposible separar de las bocanadas de aire que a veces cogemos.
Aldito, lleva tiempo récord en cortar pasas, cabellos, barbas. Se había hecho profesor de enseñanza media, trabajó y trabajó, descansaba cuando pelaba a los locos que le dejaban la cabeza, y con tanto trabajo desenfundado, sacó, con otras ayudas por supuesto, la casa de aquella prisión que tenía como integradora, los secretos más guardados de cada integrante familiar. 
Les dijeron que lo materiales llegarían. No les dijeron en que año, siquiera les avisaron si sería en el milenio pasado; en este, no han recibido notificación. Desde aquel fatídico día del 93 en que Aldito casi pierde la vida, le ha sobrado la esperanza de ver terminada su guarida  en el barrio de Los Obreros, capital ilustre del Tulipán marginado por los marginados.  
Cuando no me despedí de él, me dijo que estaba bien eso de que viajara y regresara, que nos veríamos  planificando fiestas y desordenes mujeriles, que ya el ron sabría diferente por lo añejado que se encontraría de no tomárnoslo juntos, que ya quedaría él para recibirme, porque el se quedaba a cortarle las pasas a cuanto negro apareciera en su casa y a los chamacos que quisieran parecerse a sus reguetoneros favoritos. 
Ya en el Yuma, hay muchos barberos Pérez, me sentenció. Lo mio es terminar esta mierda que hace 19 años estoy levantando, comprarme un Karpaty, y sonarme con una buena botella de ron los sábados,  enredarme con la primera que aparezca. Yo soy de aquí asere, de Los Obrero, déjale el Yuma y la Madre  Patria a otro.
Regresé aquella mañana, y después de que escuchara mi, ¿qué vuelta tío?, me miró con esa paciencia que siempre ha tenido mi amigo Aldito, le espetó a mi madre; Hortensia, ¿de donde pinga tu sacaste al gallego este? 
Hoy tengo deseos de verlo y como cuando éramos fiñes, irnos a robarle los mangos a Parodi, el mismo Parodi ahora gay, pero siempre generoso pa´ decirnos que los mangos no se los podemos coger porque son de su abuela, ya muerta hace tiempo.

viernes, 9 de noviembre de 2012

El Mano, la transculturación.

Manuel se llamaba, pero sus amigos le decían Manolito. Fue, en los tiempos de conocernos, un tipo interesante, como esos que habitan en los libros de historias, con más cualidades que la media de los que los leen. 
Fue en aquella época que lo conocí, un inteligente de aulas, analista hábil del contexto en el que se movía, tremendo tomador de ron de cafetería popular, congresista de cuanta pipa de cerveza se escapaba por las calles de la ciudad, sandunguero de carnavales, bailador de casino, coreógrafo  de las fiestas del 28, opositor de opiniones disparatadas, vanguardista en los trabajos voluntarios, planificador por excelencia de las ruedas de casino. En eso nadie le ganada a Manolito, tenia más salsa cubana en las venas que glóbulos rojos, un eclecticismo en sabiduría de mesas de dominó y academia de lenguas callejeras, con libros de Marx, Martí y Kundera.
Tengo que confesar que El Mano, como le llamaba yo, poseía un ingenio mayúsculo; siempre se las arreglaba para vivir de forma rápida y barata, en cuanta fiesta o situación se le presentaba, no contaba con las pesetas aquellas que garantizaban una cerveza marrona y fría, mas, si tenía la sabiduría necesaria para conquistarla en cualquier campo de batalla, digo, la cerveza, no la peseta, porque El Mano pasaba de eso; el dinero esclaviza mi ambia, decía con esa expresión certera, incapaz de ser rebatida. Lo mejor es esperar poco y contar con mucho para dar, sentenciaba siempre que podía. Que clase socio El Mano, ya casi lo quería como a un hermano, hablaba y pensaba igual a las cosas que hacía, era en aquellos siglos memorables de la escaseces cubanas, donde un apretón de mano sabía a tamal de playa, una buena yunta.
El Mano se piró, se fue echando, se montó en el tubo de aluminio y voló como Matías Pérez, se cansó de tanta hambre compartida y callada, sacó una cuenta muy buena, donde los resultados apuntaron hacia el consumismo de las cosas materiales necesarias para no necesitarlas. 
Ñooo, que clase de dolor en el pecho, se fue pa la pinga mi hermano de parrandas, el colega de las empataderas con jevitas universitarias y el paño de lagrima.
Que mierda esta la de perder a los amigos, pensé en aquel milenio que duró la separación.
Años después cuando me piré yo, me enteré por primera persona que El Mano, sigue jugando dominó. hablando un acento extraviado y forzado a ser autentico, con más pesetas multiplicadas en los rincones de su bolsillo de lo que esperaba antaño, pesetas diferentes y raras, que compran cosas raras y nuevas. Tiene una maquina que el llama Mine New Car, mi nave espacial, algo así, habla entre un ohhh prolongado sobre la democracia verdadera, y la libertades de expresiones antes encarceladas, de disidencia y exilio histórico, entre un Chivas Regal  a la roca. o Johnnie Walker, que allá, en aquella orilla, lejos de la Revienta Cordeles en la que nació, le llaman Juanito el Caminante. 
Ahora, mi ex referencia es un libertario sin tiempo y tropa, anticolumnista, y disipador de sueños ajenos.
Quedé, y no lo dudo, algo confundido, porque, como se puede perder la libertad de las pipas de cervezas para embotellarla con Juanito el Caminante. La salsa del casino improvisado, cansado y conquistador de faldas a un what's up man cubaniao, diciendo que está si es la verdadera libertad de la que te hablaba en el barrio. Manuel, el Mano, la referencia, se quedó atrapado en la única celda que no conozco.
El Mano me recuerda siempre a la transculturación. 

jueves, 8 de noviembre de 2012

A mi Ligia querida.


Este filo matador que me trae la tarde.
Quedo hecho un desastre de torturas indeseadas en las brazas de mi pecho.
Siento la obligación inmediata de nuestras locuras.
La distancia finita queda, como es sabido, en el silencio extraño de mi espacio.
Muero a segundos en descampados gritos.
El consuelo se perdió.
Diviso a lo lejos el candil de tus cabellos, negros, grandes, amados.
Se funden las ganas de verte reír.
Se aquieta el suspiro permanente de tu cariño.
Lo quiero siempre.
Resonará dentro de tu alma este huracán bravío de mis sentimientos.
A veces, siempre.
Contagiándome con cada una de las dulces rosas que emergen de tus labios.
De tus muslos  acabados de gozar.
Desaparece el filo.
Cuando te alcanzo en esta distancia finita con un beso de mis brazos.
                                                                                El Cojito Bibijagua. Octubre 2011.

Els Castellets.

Le dije a mi amigo Sergi que los quería ver, planificamos entonces la ida, la llegada y el regreso. Los Castillos Humanos; que gente más rara son, se quieren, se quieren, se quieren. Se amontonan, se reúnen. y entre pilas y pilas de hombres, mujeres y niños levantan una micro sociedad, dorada con el sudor y el esfuerzo individual.
Que gente rara.
Me quedé, creo que desde ese momento en la ventana apasionante de esta Catalunya rara, nacionalista, independentista, con su bandera estrellada, La Estelada. Me contó mi amigo que se inspiraron en la cubana, para forjar ese equilátero azul con las franjas aragonesas, ella sola, nacionalista y republicana, invita a una charla.
Vicenç Albert Balleste vivió en Cuba, y le gustó aquella bandera anexionista del venezolano Narciso e independentista de los mambises manigueros, indudablemente se quedo con la parte independentista, y machetera, que los hombres descalzos a caballo teñían con sangre, la tricolor de la estrella solitaria.
Que gente más rara, dios mio.   
Estaba la plaza llena de gente, de gente rara. Rodeados de Esteladas, la muchedumbre catalana bebía entre sorbos de cervezas, una alegría y armonía única, mezclados estaban a la espera de un llanto amenazante del tisú de Valls.
No se fueron, se quedaron agarrados en una manera de vivir con rareza alucinante, la escalada de una niña al cielo, a lo más alto, al infinito.
Casi grito y subo con ella, me empujaban algunos sentimientos, a unirme a un castillo humano, sobrehumano, sobrecatalán, de alientos fundidos, espardeñas apretadas y cuellos estirados.
Que gente.
Es posible que en pleno siglo veintiuno , nos enseñen que una sociedad es como el castell de hombres, mujeres, niños, unidos, cuidándose unos a otros, respirando, aplaudiendo, llorando, sufriendo. Es posible que desde ahora y 200 años atrás nos lancen esta lección  única de apretarnos juntos. Que gente más rara, locos, insomnes del desafío, collas estimulantes. Esta gente rara me ha dejado una piña sagrada, una Estelada y un pincel. La niña sube, como porvenir emergente, yo suspiro, aplaudo y subo con ella.