viernes, 14 de junio de 2013

Cienfuegos. Un origen peculiar.



Por: El Cojito Bibijagua.
El nombre de nuestra ciudad tiene un origen muy peculiar, también su fundación encontró su génesis por situaciones singulares que no escapan al análisis y por menos decir, a su interpretación contextual y conceptual.  Los hechos transcurrieron así, y su nombre más que misterioso es de original creación.  Les cuento.
Corría el año 1804, y en la Isla llamada  Saint-Domingue, culminaba una de las revueltas más genuinas y trascendentales de historia americana. La primera Revolución  de América Latina, llevada a cabo por negros esclavos ponía fin a un estado de esclavitud instaurado por la ocupación extranjera en la tierra caribeña. Aunque evidentemente se habían gestionado con anterioridad revueltas de esclavos en el contexto mundial, no fue hasta las sublevaciones iniciadas en 1871 en Sant- Domingue, en la actualidad llamada  Haití, que se constituyó un estado libre, con una independencia duradera.
Las colonias americanas comenzaban a tomar como referencia los acontecimientos libertarios desarrollados en Haití, y las sombras de una nueva Revolución asomaban en los umbrales de los sentimientos de liberación e independencia.
Cuba, por la cercanía geográfica y también por las similitudes sociales y económicas que mantenía con la recién liberada isla caribeña, observaba con detenimiento los acontecimientos. Tanto los criollos como los representantes de la colonia en Cuba, así como la Corona Española, analizaban y pronosticaban un futuro inmediato y mediato en las relaciones de las partes, que mantenían un estado esclavista y de extrema explotación en suelos de la mayor de las Antillas.
El sentido común orientó a los colonialistas españoles, que debido a la gran presencia de negros esclavos y criollos independientes que habitaban dentro de la población cubana, se incrementara la presencia de población blanca, formar nuevas colonias de de familias ricas y que invirtieran capital y esfuerzo.
Por este motivo, se funda el 22 de abril de 1819, Fernandina de Jagua, al mando de Don Luis De Clouet, quien dirigió a un grupo de colonos franceses provenientes de Nueva Orleans, ciudad norteamericana también fundada y gestionada por ciudadanos franceses.
El nombre de Fernandina de Jagua se debió en honor al Rey Fernando VII, y Jagua, para de una manera simbólica homenajear a la población indígena que habitó la zona de la Majagua, sitio geográfico con que los aborígenes cubanos nombraban la península donde está ubicada la actual ciudad de Cienfuegos.
Pasado 10 años, en el 1829, se decide por propuesta de colonos en la Isla de Cuba, cambiar el nombre de la recién fundada colonia, llamada por los franceses Fernandina de Jagua, por el de Cienfuegos.
El motivo que apremiaba el cambio de nombre se debió al favor que algunos pretendieron hacerle al Capitán General de la Isla de Cuba, que poseía el apellido de Cienfuegos. El cual había heredado de sus antepasados muy involucrados también con la Corona.
Cienfuegos, forma parte de uno de los linajes más importantes de Asturias, y cuyas familias han tenido un peso importante dentro del contexto económico, político y social cubano, por solo citar a la familia Jovellanos- Cienfuegos.
El origen del mismo  presenta varias versiones, y para no faltar a los historiadores e integrantes de esta familia, es correcto decir que todas las versiones son genuinamente validas. Dos de las más importantes, son sin lugar a dudas, las que más se han dado a conocer. La primera refiere su origen a una población de cierta entidad, de unas cien viviendas o cien- fuegos que es lo mismo que decir cien hogares haciendo referencia al hogar o "llar" donde se hace el fuego.
La segunda versión más comentada, deviene de las batallas por la conquista de la Península Ibérica, donde cristianos y moros se enfrentaron durante ocho siglos. Cuentan que estando un caballero cristiano rodeado en el monte de Lindes por los Moros, para escapar una muerte segura, aprovechó la oscuridad del final del día, dividió a su tropa en partes iguales, y las ubicó en forma que quedaran, los de la cima con antorcha en mano y encendidas, y la otra parte en la base de la colina con las antorchas apagadas. Mientras el grupo que mantenían las  antorchas encendidas descendían, los restantes comenzaban el ascenso con las respectivas  apagadas, y una vez llegados a la cumbre de la colina, comenzaban a prender los artefactos de iluminación. De esta forma crearon un efecto óptico que consistía en hacer visualizar un flujo constante de antorchas que solamente se veían descendiendo de la colina. Aprovechando la oscuridad de la noche, el militar cristiano, logró convencer a los enemigos de sus cien hombres, que poseía una tropa superior en números y que pretendían atacarlos con inmediatez absoluta, logrando la retirada de diez mil hombres bien armados y preparados.
Por razones obvias el nombre de Cienfuegos fue adjudicado al militar español, el cual fue heredado por contables generaciones, cual una de ellas aportó un Capitán General en la Isla de Cuba, cuyo apellido fue usado para renombrar la colonia que fue fundada por los franceses venidos a socorrer la preocupación de los colonizadores por una posible sublevación de esclavos.
La Historia, enlaza y conforma un sin números de hechos y casualidades que convergen en diferentes ocasiones en puntos comunes, donde las coincidencias se entrelazan para formar este tapiz maravilloso que es la cotidianidad y pasado.
Los negros haitianos, moros, cristianos, la gallardía mixturada con la imaginación, las ansias de poder, la aventura de emprendedores colonos franceses, la alcahuetería y el tiempo como factor fundamental, han logrado que nuestra hermosa ciudad posea uno de los nombre más originales de la humanidad, Cienfuegos.

jueves, 6 de junio de 2013

Mi primo Pelo ´e saco.






Por: El Cojito Bibijagua.

No recuerdo bien si fue la mata de aguacate del fondo de la casa,  en el patio ajeno y vecino, donde un día me caí de cabeza y él me guardó el secreto, o los cruces de vallas que realizábamos para robarle a Rafelito las ciruelas, lo que nos unía.  No  recuerdo muy bien, si las incursiones al refugio antiaéreo de Jesuito el padre de mi prima Yiyi, o las bolas y los trompos que nos disputábamos en el patio de Felo,  hacía que siempre estuviéramos juntos. No compartíamos el círculo infantil, pero sí recuerdo que con mis 5 años ya preguntaba por él cuando me recogían en Niños Felices de la Primera de Tulipán. Fuimos siempre cinco primos: mi hermana que sigue siendo la mayor y más cuerda de todos, Janvi Rabo ´e yegua, Maiquel Pelo ´e saco, mi primita Yiyi, y yo, que gracias a mi tía Iliana me llamaban Maneno Culo ´e gallo. Casi siempre andábamos juntos, mi tía Papita nos proporcionaba los juguitos Taoro y los chicles que desde el Jagua sacaba para hacernos la infancia más feliz, y en todo ese tiempo corríamos juntos, a veces, delante de Janvi y en otras ocasiones detrás de él con las ganas de vengarnos por las cosas que nos hacía.    

Los  años pasaron y por decisión que ni me preguntaron, me inscribieron en una escuela cerca del centro de la ciudad. Debió ser por la lejanía que me situaba de Pelo ´e saco, de mi primo el Pichón, Janvi, Yamuri, y los demás del barrio que lloraba todos los santos días en el primer grado de la Julio Antonio Mella. Los pequeños tiempos que me quedaban en la tarde para escaparme con  Pelo ´e saco, en los trotes de las muchachadas, no me bastaban para reparar tanto aislamiento involuntario. Pero la divinidad existe y en solo tres años me cambiaron para la escuela del barrio  y entonces matriculé en la misma aula donde él se sentaba a tratar  de aprender las letras que pocos años después abandonó. Yo quedé contento porque me unía a mi primo desde temprano y para variar un poco nos fugamos unas cuantas veces de la escuela, y nos fuimos para la Quinta, a comer nísperos y mangos verdes, darnos un chapuzón en el río que años después nos enteramos que no era rio, ni riachuelo, ni , sino un desagüe de las casas  del Callejón de Andulce.

Llegamos a la secundaria, y mi primo Pomponio ya sabía matar puercos, gallinas, topar gallos, hacer nudos y montar a caballo. Yo, rezagado en aquellas maniobras varoniles, lo seguía admirado pero siendo un pésimo aprendiz de labores mundanas. Lo admiraba desde ese entonces. El no sabía leer muy bien, ni sumar o restar los caramelos y las figuritas de clases, ni enlazar la idea equis distante de Cruces con Palmira en las clases de geografía, pero si sabia buscársela desde chiquito, desde atar a una bestia hasta cortar la hierba con el garabato y el machete afilado. Yo andaba apurado para ser como Pelo ´e saco, ganarme la confianza  de los demás por la  buena y ejecutable labor que  él hacía, o simplemente revolcarme en las migajas de la admiración que  causaba en el Cojito, mi abuelo, porque desde ese entonces ya era grande, grande de sentimientos y acciones. Nunca defraudó a un amigo o se acobardó en una pelea. Sabía colocar las distancias con una buena llave de Judo, o un jab inesperado. No sabía leer las letras pero sí las emociones y despegaba como loco único en los deseos de ayudar a su abuela que también es la mía, o poner en la mesa un par de frijoles ganados por el esfuerzo personal.


Sigue aún siendo  un niño, pero grande, con muchas madres y padres. Lo admira y quiere el mío, lo estima mi hermano que desde el cielo lo ve, el Cojo aun lo orienta en las pequeñeces de sus consejos que como antaño acumula toda la nobleza del mundo. Un día me dijo que como Janvi Rabo ´e yegua quería irse, que como yo volé, él tenía que hacer lo mismo, porque desde dentro no ve que lo seguimos. Eso, creo, piensa él.  Si es por la mejora que no necesita, o si es por la distancia que nos aprieta, desconozco su camino. Creo que tiene necesidad de cuidarnos, de defendernos, porque él es padre, tiene ese sentimiento paterno, protector, varonil y patriarcal.  Siempre recuerdo que Pelo ´e saco fue la primera persona que admiré, desde mi proximidad  en meses de diferencia de edad,  y sin vacíos sustanciales, abrazo la idea de estar juntos de nuevo, sin más excusas que la misma casa de la calle 16.