lunes, 18 de marzo de 2013

De Derechos Humanos a Izquierdos Humanos.



Por: El Cojito Bibijagua.

En sobradas ocasiones mirando este mundo a través de la televisión, encuentro la prueba fehaciente de la Teoría de las Cuerdas y la Teoría Unificada con relación a la relatividad, y por tanto descubro como colegial aplicado, la Existencia a un Universo Paralelo, que estando desde este lado de la pantalla, analizo con determinada critica y autónoma visión del panorama político y social.
Sí, evidentemente existen varios Universos Paralelos, que siembran conceptos y etiquetan con sobrada sorna la realidad no virtual de la especie humana.
La televisión y los medios de comunicación e han convertido en un Opio real de la especie humana, en la cual disfrazan, esconden y escandalizan la vida que a la especie humana le ha tocado por derecho construir.
Los Derechos Humanos y Democracia son dos de los términos y conceptos más usados en la cotidianidad terrícola. Usados como objetivos patentados por un Dios supremo, al parecer, entiendo que son existentes y bastantes nombrados por la media mundial.
Los Derechos Humanos, me llegan de forma directa y clara, cuando compruebo las diferencias sociales de las regiones de este planeta. En un continente Africano donde el 66% de la población vive con menos de un dólar diario, cuando la población más rica del planeta vive con más del 74% de los ingresos del planeta, mientas que el 20% más pobre tiene un ingreso menos del 2% de las mismas riquezas existentes. Es evidente que el gran dilema se registra entre en paralelo que crea la desigualdad económica y social, basándose en una mala distribución de las riquezas, donde en la contemporaneidad ya solo no involucra a las regiones más pobres del planeta sino a determinados  sectores sociales en países desarrollados y en primeras economías mundiales. Cuando se hace referencia a las regiones pobres, hay que aclarar que esta pobreza se traduce en la sobre-explotación de las llamadas regiones, y el saqueo constante de sus recursos naturales, porque en estos términos, dichas regiones presentan las mayores riquezas del planeta.
Algunos discursos modernos en cuestión de gestión económica y políticas de empleo, encuentran un divorcio abismal entre la realidad constatada y la teoría de bienestar. En general, el desempleo garantizado por emergentes crisis económicas deviene en privar de ingresos al individuo y con ellos que se genere un retroceso económico, donde el hombre deja de ser un activo transformador del contexto al que pertenece. Un ejemplo evidente es el conflicto económico que sufre Europa Continental, y países que al parecer han dejado de ser Naciones para convertirse en auténticos esclavos del Mercado y el Sector Empresarial. Uno de los ejemplos más notable del retroceso en materias económicas se evidencia en la  cifra de 5.965.400 de desempleados ocupando un 26 % de desempleados en la población en el Reino de España.
Las acumulaciones de riquezas de ciertas Naciones, basadas en la constante y ya sostenida explotación de regiones estratégicas en cuestiones de riquezas naturales; los 521 años de extracción de recursos naturales en Latinoamérica, en un primer lugar, desarrollada por la ocupación militar y colonización de Cortes Europeas, y que en la actualidad se ha transformado en una ocupación en términos Empresariales y de Mercado, han dejado un total de 168 millones de pobres, convirtiendo a la zona en una de las más desiguales económica y socialmente.   
Según la UNICEF, alrededor de 200 millones de niños, viven bajo el Umbral de la Pobreza, encontrándose este total entre los conceptos de Pobreza Relativa, y Absoluta. Dentro de la cifra de los 1400 millones de pobres que ocupan el planeta, la concentración más grande se ubican en América Latina y Asia.
Estados Unidos de América, aporta a este elevado número un 49, 7 millones de pobres, donde el 24, 5 % de niños viven bajo el Umbral de la Pobreza. Presenta la desigualdad de ingresos más notable, superando comparativamente la desigualdad de ingreso en Europa Occidental.
Es representativa la gran diferencia y marginación que sufre gran parte de la población mundial. Entrando en contraste con el concepto de Derechos Humanos, donde en sus principios refiere que son las libertades primarias o básicas que incluye a todas las personas, que por el simple hecho de la condición humana, existe para la garantía de una vida digna, sin distinción de etnia, raza, color, orientación sexual, idioma, religión, opinión política, origen nacional o social, posición económica. ¿Dónde naufraga entonces este concepto tan utilizado en la actualidad y tan manipulado por las Transnacionales de los medios de comunicación?
Destruyendo sueños y legendarios conceptos con la venta licita de algunos de reciente creación y solamente aplicándolos a contextos políticos, se hace evidente, que la sociedad actual, no comprende en determinados aspectos que la revisión y el cuestionamiento inteligente de la realidad que nos ocupa, es un factor importante en la interpretación y la restructuración de una sociedad moderna, equitativa, justa, popularmente representativa y democrática.
La sociedad del tercer milenio, centra su comprensión de Democracia y Derechos Humanos, en el manipulado y explotado contexto político, donde las mayores garantías de coexistencia de estos términos se centran en la presencia del Pluripartidismo, libertad de expresión, y existencia de la privatización de los medios de producción y servicios, más la supremacía de los medios de producción sobre el capital humano.
Las constantes y crecientes desigualdades sociales y económicas, garantizan, al parecer la patentación y legitimación del Neo Concepto, que se pierde entre las buenas intenciones de unos derechos ciudadanos y democrática participación de los mismos.
Los rápidos cambios en la geopolítica, el empleo de la Guerra como medida económica, y de dominación mundial, el flagelo del Narcotráfico, la hambruna provocada, Guerras Preventivas, Dictadura del Mercado, Especulación Financiera, Privatización de la calidad de vida y la constante explotación de recursos naturales con un flujo Sur – Norte y el constante despilfarro de los recursos no renovables, sumados a las nuevas Teorías del Consumismo, encadenan con aceleración considerada a la Humanidad, que desde hace ya muchos años ha dejado de vivir en Naciones con independencia económica y política para establecerse como inquilina de honor en la guarida de las Pretensiones Empresariales.
Observando las condiciones y también por qué no decirlo, el significado original de los conceptos antes mencionados. ¿No deberíamos al menos intentar cambiar el nombre y en vez de Derechos Humanos, llamarlo Derechos Inhumanos?
¿Democracia, donde el poder del pueblo es limitado en los cinco continentes? Donde los designios de los poderosos acomodan las fichas y los tableros, se hace evidente que es necesario comenzar la re-estructuración de una sociedad moderna, en la cual nos encontremos con verdaderos Izquierdos Humanos.   
  

El Guayabal de La Sábana.




Por: El Cojito Bibijagua.

El guayabal quedaba algo distante de la escuela, pero aun así nos inspiraba cada día a cruzar los surcos y los pequeños riachuelos que saciaban la sed de la tierra improductiva en la que se había convertido La Sábana. 
Hendrick y yo habíamos entrado flacos al Pre, pero él tenía más volumen muscular lo cual le confería una mayor ventaja frente a las chicas hambrientas de sensaciones carnales y también por qué no decirlo un mejor manejo con los sacos repletos de guayabas que nos robábamos, para venderlas en el sótano del albergue de las chicas.
Siempre nos repartíamos la faena y aunque éramos principiantes en el mercado Cuentapropista, nos sacábamos unos kilos para luego gastárnoslos en el pan con croqueta de yuca que nos vendía un guajiro que cada tarde llegaba con su caja de cartón repleta de inventos gastronómicos.
El hambre era religión  en el Dimas, también lo era el sexo apurado y robado así como las broncas en los albergues, pero el hambre, ocupaba el primer lugar y obligaba a muchos a cargar con su bolsa de azúcar negra, para los pomos de aguazucar, que llenaban la panza y la imaginación todas las noches habidas y por haber, como si fuese la Coca Cola bendita de nuestro bienestar. 

Un menú poco variable amanecía cada día en el desayuno escolar, Cerelac, papa hervida o un pan arrugado, anunciaban la falta de nutrientes necesarios para la jornada, así que, cuando llegábamos con las guayabas, era cuestión de minutos hacer unos centavos y convertirnos por unas cuantas horas en millonarios improvisados en aquella jungla de deseos y emociones, que fue el Pre-Universitario.
Los riesgos eran mínimos, y la verdad que trotar entre caminos campestres con el olor a selva viva, nos transportaba a un estado de rebeldía e inconformidad con lo establecido por la normas de la institución educativa.
Nos conocíamos cada trayecto y posibles salidas de emergencias, rincones manigüeros  para las citas con las novias y el romance campestre, adornado de un sexo a la intemperie, que se convertía en el más marginal pero dulce encuentro amoroso de aquella adolescencia adelantada.
Cuando cursamos los estudios en el Pre, entre tantos compañeros, estudiantes y al mismo tiempo profesores que desbordaban nobleza y buena voluntad, también habitaban aquel espacio alimañas humanas, que entretenían sus minutos en robar la miseria ajena, rascabuchar, y provocar a cualquier posible rival que consideraran un peligro para limitar sus fechorías que muchas eran dirigidas y dictaminadas por un secuaz, mezquino y cobarde Subdirector de Internado. Era en aquellos día un ser detestable, grande, gordo, mulato, y abusivo. Aquel disipador de la tranquilidad ajena e ingenua contentaba sus noches con los favores de algunas alumnas de flojera mental y piernas endebles y sin menos apreciar a muchas, disfrutaba de un pequeño harén privado, a la vista de estudiantes y profesores.
Mi camarada llegó a enfréntale algunas razones, reclamándole que uno de los compañeros de albergue le había robado un jabón de shopping, y que impunemente lo usaba, como autentico provocador y ladrón de la libertad individual. El dictador de nuestra escuela, manipuló la queja e incitó al musculoso ladrón de jabón y ex atleta de Polo Acuático, para que ejerciera como sicario emergente y torturador, en tratar de darle una lección a mi amigo palmireño.
Fracturas en los pómulos sufrió Raúl, que así se llamaba el contrincante bien parecido también, ratero y pésimo boxeador. Hendrick en dos excelentes movimientos lo puso fuera de combate y con poderosas derechas rectas a la cara,  patentó la furia y el poderío de sus puños. Raúl quedó humillado, herido de amabas partes, y reducido a agachar la cabeza por el resto de los cursos que aún le quedaban por terminal.
Años después serví de árbitro en otro combate, en una noche cienfueguera, cuando mi púgil preferido le dio una clase, en derechazos, como si fuera conferencia universitaria, a un argentino, que a pesar de tener dos dedos de frente no fue capaz de evaluar la desventaja que tendría en aquel enfrentamiento. Brilló la valentía del suramericano, pero mi gladiador se impuso en la técnica y la experiencia. Todo aconteció debido a unas frases en contra de Castro y la Cuba que le brindó la posibilidad de estudio. Mi amigo ejerció como juez de la palabra y a base de unos buenos intercambios de puños, defendió lo que le pareció correcto.
Recordando y regresando a los tiempos del preuniversitario, quedó en la memoria fresquita una de las tardes de cosechas en el guayabal, cuando saliendo rumbo a la escuela nos percatamos que un campesino corría tras nosotros con un machete en mano y gritando improperios. La mala suerte llegó justo en el momento de correr con el saco que cargaba con notable peso  y el cual hizo que el miedo a que me atraparan se transformara en las mejores habilidades de velocidad y resistencia en la carrera de fondo con obstáculos, pero encima mio. Burlamos al rancheador que nos daba caza, dejamos el saco en la orilla de un río y cambiamos el rumbo, río arriba, mezclándonos entre la maleza de la ribera.  La respiración acelerada de Hendrick se escuchaba perfectamente. El peligro de llevarnos unos buenos planazos de machete nos unió en el momento en que nos convertimos en prófugos convictos por la ley del Guayabal de La Sabana. Escapamos por los pelos, regresamos por el saco que se encontraba sumergido en la ribera próxima. Llegamos asustados, pensando que nos tenían una emboscada montada en las proximidades de escuela.  Horas más tarde comenzamos con la venta de guayabas que resultó ser un éxito ese día y nos regaló la posibilidad de acceder a las croquetas de yuca para matar el hambre.

Miro con nostalgia aquella historia de nuestras vidas, y las dificultades, que dejaron amigos eternos. El Vlady, Alberto, Maldonado, Hendrick y yo, conformamos un equipo multidisciplinario e inseparable, tertulianos y defensores de ideas increíbles. Años después nos seguimos queriendo, y recordamos las peripecias que hacíamos para alcanzar el anhelado alberque de las muchachitas  para dormir como Dios manda, bien acompañado. La solidaridad sin etiqueta de compartir la poca comida y los deseos de llenar la panza; la unión para defendernos de posibles amenazas de guapos en apuros, que buscaban riña dondequiera. Recordamos con agrado el cuero constante que recibía Medina, el enemigo de todos nosotros, que trataba incansablemente resaltar a base de guapería, fingiéndose  valiente, pero lo controlábamos con piñazos y el llamándolo tarrú, apodo que le otorgaron  todas sus novias.

En cuanto al amor, Hendrick rompió record en conquistar chicas y sexo, y yo me fui con uno de los amores más adorados de mi vida y una buena amiga también. Maldonado con algunas espinas del engaño en su alma, sufrió años la traición que no le correspondía, proveniente de un noviazgo de vidriera. Vlady y Alberto se fueron ilesos en este tema, aunque de enamorarse llevaban de sobra, pero concretaban poco, cargaban y cargan con sobrada nobleza en el alma.
El Guayabal fue testigo de muchas de nuestras conquistas y desencuentros amorosos; tenía la magia que le aportábamos, y en sus rutas entrelazadas, se construía la línea donde compartíamos nuestros planes futuros. Yo seré medico, decía uno, y yo ingeniero se escuchaba también, yo bibliotecaria, soñaba ella,  cuando yo no tenía ni la menor idea de lo que el futuro me depararía y callaba para no desentonar. Poco tiempo antes, había navegado entre las ideas de estudiar Medicina, y la idea se disipó cuando quise ser actor, y hasta en un grupo de teatro entré en el Terry; y cuando mis padres ayudaron a conformarme con el pragmatismo de las opciones, apliqué a una ingeniería que desconocía pero que con los años llegue a amar.
Mis amigos concretaron sus  proyectos profesionales y ahora son muy buenos en lo que hacen, además de padres de familia.
A veces nos contentamos recordando las tardes de tertulias bajo las guayabas y los mangos en las que planificábamos el hurto agrícola combinándolo con muchas ideas y proyectos que años después enmarcamos en las salas de nuestras casas.  Llevándonos en la memoria el consagrado titulo de ladrones de guayabas, que nos agenciamos honradamente y sin hacer fraude.  El Guayabal de la Sábana, también nos formó en cierto sentido y quedó, aunque físicamente ya no se encuentre en aquellas tierras bendecidas por Dios, en el miocardio de cada uno de nosotros.
Hendrick lo carga en su mochila de nostalgias que desarma y arma en tierras extranjeras, mientras yo me contento con regresar allí algunas noches insomnes y de pocos sueños.

viernes, 8 de marzo de 2013

Cuando Ella me hace el amor.




Por: El Cojito Bibijagua.

                                                   A las copas de Alentejos acompañadas con Calamaro.

-No, no, que va brother, Ella no lo tiene todo pero llega a ser perfectamente un Universo.
-Por mucho que me expliques no entiendo, en qué momento de tu vida chocaste con esa mujer, mi hermano.
-Tenía novia Vlady y te confieso que la amaba y no lo sabía, era tan joven que el amor se me desvanecía entre los empujones de la pubertad y la aprobación social, que a esa edad todos queremos, pero sí la quería y la amaba un montón compadre.
- Y ahí es donde me dejas perdido Raúl, ya déjate de rodeos y cuéntame que pasó.
- La primera vez que la vi, cuando clave mis ojos en los suyos fue una noche que no sé porque terminamos juntos en aquel sitio que nada tenía que ver con los cuatros. Estaba con mi novia y llegó Ella con su chico, buen tipo dicho sea de paso, un gran ser humano...
- Asere, pero háblame de Ella y olvídate del consorte.
- Nada compadre, que miré sus ojos un rato solamente y luego me concentré en sus labios, sus labios son únicos créeme y Ella me miró, eso lo recuerdo, pero me perdí entre comprender si le caía bien o le gustaba algo. Ya sabes, años después me confesó que esa noche miró mis ojos y que le habían gustado. 
- ¿Pero cómo fue que te lo dijo años después?  
- Continuó la historia en una de esas ocasiones, que corría en la Pista de Cienfuegos, ya me estaba convirtiendo en un gordo, y me apuraba para corregir el sobre peso, me encontré con Ella estirando la piernas en la pista. Se estaba preparando para correr y la saludé, me devolvió el saludo y amablemente hablo conmigo y ahí mismo quedé.
- Uf, candela mi ambia.
- Ya no estaba con aquella chica, la perdí años antes por idiota. Aunque ahora pensándolo, creo que nos perdimos los dos. En el amor sé es muy cobarde asere, muy cobarde la mayoría de las veces. 
- Ya deja la muela mi hermano; ño, eres más muelero que Calviño.
- No me hagas reír. Men. Pues la seguí viendo hasta que mi gordura me ganó las ganas, y el esfuerzo lo colgué en el patio de mi casa.
-¿Y ya, se acabó?
- Un día estaba en Sevilla, con mi hermano Marcos,  pasado con los cubatas que Antonio, él del Salitrera nos ponía en la mesa, y revisando el Facebook, apareció su palabra escrita saludándonos, y te confieso, fue una de las mejores noches en una Andalucía calurosa y etílica. Se me apreció virtualmente y con ella, las tardes en la Pista, y los saludos, su pelo rojo y amarillo, la boca de diosa egipcia, sus pétalos, porque pa mi asere, esa chiquita es una flor.
-¿Y?
- Yo acompañaba mis noche portuguesa con vino del Alentejo, y una noche de platica le dije todo, todo lo que años me aguanté y creo que más, porque el vino es bueno para adornar hasta lo imposible y la distancia aunque sea finita es del carajo compadre. Pero creo que le llegué y cuando desperté en la mañana estaba desesperado por hablar con ella.
-Del carajo, que fula, estando tan lejos.
-Sí, pero hay una diferencia, porque ella a pesar de todo sabe amar, y cuando lo hace se entrega, y me amó, lo sé que me amó, y me pensó y a pesar de esa distancia estrafalaria me hizo el amor.
- ¿Qué? Na, deja eso fiera. Me vas a fundir chico.
-Vlady, ésta vida es un acto indescriptible, ¿recuerdas que te comenté sobre mi novia, la que andaba conmigo cuando nos vimos aquella vez?
- Si.
-Esa muchacha que amé con locura se fue de mi vida sin saberlo, y fue triste. Llegó a decir que le daba hasta lastima, y yo me doy lastima por no haberle dicho alguna  vez lo que realmente la amaba, ojalá y la vida me dé la oportunidad de pedirle disculpas. Pero de alguna manera me regaló la dicha de conocer a Ella.
-Y eso que tiene que ver Raúl, has cambiao de palo pa rumba.
-No, porque fue esa chica la que me acercó a Ella, y años después esa mujer me amó, o de alguna manera, pero lo hizo, o al menos yo quiero creerlo, pero la cobardía nos invadió a los dos y mezclado ese sentimiento con algo de irrealidad, es peligroso y nocivo, pólvora viva mi herma.
-¿Qué, de qué tú hablas chico?
-Se nos va la vida sin correr detrás de lo que uno quiere, buscando y sacando cuentas, lamentablemente los amores pasados son cámaras de torturas, cuando no,  te encuentras y des-encuentras. 
-¿Y de que te quejas?
- No me hagas reír otra vez. ¿Sabes lo que es despertar y acostarse pensando en una persona?
- No.
- Pues es la dicha, es la cumbre de que amaste y amas.
- ¿Y a quien?
- Vlady, a la vida hermano, a la vida y a esa flor, a la de los labios lindos. Y a las ganas de volverme a equivocar. Es ahí mi ambia querido cuando Ella me hace el amor, todas las noches y todas las mañanas.

jueves, 7 de marzo de 2013

La Generación del desencanto y la Idiotez ilimitada.




Por: El Cojito Bibijagua.



Puedo parecer recurrente. Estoy consciente de que cada palabra pensada y escrita estará inmediatamente acompañada de la crítica rápida y desmesurada; algunas serán inteligentes y respetuosas.
No quiero, ni pretendo atacar a alguien, al mismo tiempo debo confesar que nunca he intentado cambiar la forma de pensar ajena, si alguna vez sin quererlo lo he intentado, pido disculpas sinceras.
Mis palabras tienen una dirección y sentido, las cuales navegan hacia el auto entendimiento y la búsqueda de ayuda cooperativa y desinteresada. Sin pretender tener la verdad y ni modo de inteligencia relativa, me gustaría compartir con ustedes siempre ideas que nos hagan reflexionar a todos. 

Yo tuve un amigo, al menos lo creía, lo del amigo, porque él si existió, existe y camina aun por esta autopista que es la vida. Mi colega o ex colega, fue un tipo que pensaba siempre diferente a mí y viceversa, respetábamos nuestras proyecciones y entre tantas charlas y discusiones temáticas, llegamos a la conclusión de que nuestra generación pertenecía a algo  que llamamos en aquella época, la Generación del desencanto. 

Esta Generación disfrutó de las bandas de música de la escuela, de las tablas gimnásticas, de los churros a cuarenta centavos en cualquier esquina de la ciudad; la merienda escolar, las paleticas de helados baratas y las tiendas de cupones coloreados que daban la posibilidad más o menos asequible de comprarse algún que otro producto ruso en el Boulevard.
Muchos de nosotros usamos pantalones de sacos de harinas y zapatillitas de suelas de cámara de tractor o zapaticos ortopédicos resueltos por algún amigo médico. 
En el Periodo Especial los más acaudalados comían una harina de maíz hervida con azúcar y leche, los que apretados encontraban los bolsillos de sus padres, tenían que conformarse con lo que cayera para el acompañamiento del preparado. 
Jugábamos a las bolas, a lo trompos y nos esforzábamos para tener una vez al año un buen papalote con el cual retar a los novatos que llegaban cada temporada de vientos a levantar sus cometas acabaditos de adquirir.
¿Juguetes? No me hagan reír.
El mejor juguete se encontraba con los socios del barrio, los agarraos, los juegos a las casitas pa meterle mano a las niñas de la vecindad, los yaquis de las muchachitas, la chapa y fugarnos en pandilla pa cualquier edificio en construcción junto con hacer antorchas y laticas encendidas los 28 de septiembre, era lo que le gustaba a la mayoría.

Crecimos y entre frases escolares y consignas revolucionarias a nadie se le ocurrió cuestionar lo que creía o no, de una sociedad que nos tocó, sin preguntarnos o proponérnosla.
Los años pasaron y esa misma Generación se reunió a descargar a bajo costo en una fiesta citadina y adolescente. Muchos de los que calzamos zapatos ortopédicos para combatir la escasez nos reuníamos con elitistas de Nike y camisitas de ocasión que engañaban a la pobreza y con una elegancia vestida habitaban aquel mundo, con menos necesidades que la mayoría de lo que disimuladamente disfrazábamos nuestra desnudez.
La Generación del desencanto, pretendió en aquella aldea que nos toco vivir, tener una bici todo-terreno,  adornar nuestros pies callosos con unas buenas Adidas, y sin importar la fiesta o la descarguita, llevar unos pesitos heredados para alegrar la noche con una buena cerveza o lo que a la novia del momento le apeteciera.
A muchos no les  llegó el recurso y la ilusión fusionada con los sueños quedó pendiente.

Mi amigo, del que escribí antes, no andaba con rodeos, y siendo elemento activo de nuestra Generación, se enfrentaba a lo que fuera necesario porque lo creía justo y era su palabra.
Su padre estaba fichado por la Seguridad del Estado, según él, por decir en su trabajo lo que pensaba y consideraba era un abuso de la Administración y del Estado. Yo le creía y escuchaba, porque, aunque decoraba su espacio sonoro con el censurado Pedro Luis Ferrer, su progenitor, compartía con una retorica culta, la idea que se auto-agenció y defendió.   
Mi ex amigo, es admirable por su autodeterminación ideológica y espiritual, y aunque pensáramos muy diferentes me enseñó que la relatividad de las cosas es un concepto a valorar. Fue uno de los primeros de mi generación que emigró, y con él la amistad. Representó por muchos años y aun lo hace, ese criterio distante sobre una realidad que siempre hizo suya. Me decía que él no soportaba al Gobierno Cubano, porque no le brindaba lo que necesitaba para su comodidad física y emocional. Le escuchaba y respetaba con determinada valoración sus ideales, genuinos, personales, apedillados como hermanos, caminaban él y su discurso bien fundamentado. Era y es valiente, admirable y único.

Nuestra Generación, se fue, se está yendo, dispersando y mutando.
También me piré y busqué mis Adidas, Euros y una gorra de Los Yankees que siempre deseé. Y como miembro activo de esta Generación también me perdí lejos de casa, sin rumbo fijo y estacionalmente estable, orientando el sentir equidistante a un exilio, que una migración necesaria y personal me tocó. 


La mayoría de mis coterráneos, conocidos desde tiempos memorables, nunca fueron disidentes ni opositores de nada, casi todos pertenecían a una familia acomodada y con pretensiones de sociedad de la baja e inculta burguesía cubana, de esas familias cienfuegueras que querían aparentar un estatus mayor al que en la soledad de sus alcobas respiraban. Salieron buscando sus Adidas y sus dólares necesarios, que la realidad cubana negaba por la escasez provocada o no.
Los cortos años en un patio extranjero aportaron a miembros de mi Generación las frases heredadas de un discurso reciclado y machacado. Sin construir autónomas expresiones, repiten consignas  aprendidas en un exilio inventado como las mismas que en las escuelas de infancia exclamábamos por orientación ajena, figurando que  integraban  un sentimiento de Revolución que no se grita cuando debe sentirse.
Pero las cosas son así, es la moda y ella misma es un mecanismo de esclavitud;  es la imposición mercantil y social de estilos de vidas,  ideologías  o falsas ideologías. Así decía Bob Marley: sigue a la moda y te convertirás en un esclavo.   
Los pertenecientes a esta Generación que se fajaron siempre por la obligación a tener que asistir a las marchas patrióticas y  pro revolucionarías, a los trabajos anti voluntarios, a la estupidez indefinida de una falsa invasión ideológica norteamericana y capitalista; los que no respaldaban el culto a la personalidad y combatían un falso y pseudocomunista concepto de revolucionario comprometido. Los que demandaban más elemento prácticos y menos retorica maquillada, también se fueron, porque la condición necesaria para emigrar: es quererlo.  

La Generación fabricó la idea que más que política debe ser opositora su condición migrante. Nadie en el pequeño patiecito cubano, vistió la guerra antigubernamental, y su más miserable justificación a las cobardías intravenosas es alegar una supuesta represión, carcelaria y asesina.

Odio muscular inmóvil, destapadas emociones semipersonales con una mezcla de indiferencia cultural, alimentó en pocos meses la prole, aunque no en su totalidad.
No es cuestionable el derecho personal a defender o no, a compartir argumentos fundamentados lo que en verdad se quiere cambiar.

Es intolerante que la ignorancia sea el plato fuerte de emergentes luchadores pro libertad, bufones cotidianos del sentir nacional.
Lamentables espantapájaros y marionetas medulares, que sosteniendo la alegría por la desgracia ajena, creen que hacen una oposición digna.

Hace apenas unos día, producto de la muerte de Chávez, alguien que conozco muy bien, luego de alegrarse de la muerte de éste, me confesó que el cambio en Cuba depende de ese exilio al que pertenece. Muy valiente detrás de un teclado argumenta que él a sus diecisiete años ya discutía en su preuniversitario sobre el concepto de democracia en una dictadura como el mismo califica. ¿Qué contradicción? Me pregunté. ¿Si él discutió eso en un espacio público y estatal, no hay un divorcio entre lo que dice y lo que piensa?
Yo lo conozco bien. Nunca fue guapo, ni combatiente opositor en su Cubita linda natal. Pero ahora es un libertario virtual y enérgico defensor de lo que ‟no sé que hay que criticar”.
Y otro cuya vida no le alcanzó para conocer el Socialismo Ruso importado en Cuba, por la experimentación personal, pero que además no lo conoce por las letras ni por el estudio, hace referencias con un copy and paste, de conceptos milenarios sobre la democracia y la libertad de expresión.
Cuando lo conocí perdía sus días en parecer un Ricky Martin cubaniao, y en cosechar con ropita linda adquirida, una novia para el fin de semana. Pero el tiempo pasa y es necesario luchar, pensaría él; y la mejor forma es desde esa distancia que le da seguridad, adornar su poco espacio escrotal con unos timbales artificiales y comprados en mercadillo popular de baratijas importadas.
La Generación del desencanto tiene diversidad. Los que se fueron creen que son mayoría, no piensan que dentro hay un batallón mucho mayor que raspa la cotidianidad con audacia e ingenio. Hablan, cuestionan, y se transforman en una masa que lejos de denigrar, siente con propiedad el derecho a un cambio equivalente con las necesidades actuales de sus realidades.
Con los precios altos y la desintegración monetaria en los bolsillos cubanos, camina esa tropa que lejos de ser diezmada, come, reza y ama, sin más necesidad que apalear y resignarse a una Revolución por la que no luchó en el nacimiento de la misma.

Los dolores de parto de una nueva ERA apresuran contradicciones sociales y políticas, e intentar leer en un libro viejo y obsoleto las nuevas teorías de la conspiración parece un chiste de mal gusto.

Hay que resaltar que esta Generación cuenta con un sector que navega en la idiotez ilimitada. Y contra la idiotez es difícil luchar, porque es testaruda, perenne, incurable, contagiosa, osada e infinita.

Mal calculando las virtuales intenciones, diferenciales oposiciones chovinistas y disparatadas, considero que nuestra desencantada Generación encontrará en un tiempo medido, la derrota de una guerra sin hacer, que recordando a Martin Luther King con su magnánima frase, esas ilustrísimas se toparan con que, nada en el Mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.

lunes, 4 de marzo de 2013

Ariagna, el sexo y yo.



Por: El Cojito Bibijagua.

No recuerdo la edad que tenía, siquiera la escuela en la que estudiaba, las asignaturas y las tareas que nunca hice. No me llega a la memoria si vestía con aquellos pantaloncitos hechos de sacos de harina y teñidos en los calderos de la cocina, o si era la época en que los tirantes estaban de moda o los pre-lavados.
Solo recuerdo la mañana y el frío que hacía, pero no porque me molestara la piel y los huesos, sino por la imagen de sus pechos esbeltos y grandes, montañosos, prepotentes, deseables.
Recuerdo que no me gustaba ella y me refiero a su esencia, solo me gustaba su sexo, su pubertad adelantada y mercenaria, las ganas con que contoneaba sus caderas y el proselitismo de sus nalgas entrenadas. 
Muy niño era yo para esa trigueña despampanante y suculenta. Fruta fresca de mis noches mojadas, meretriz de mis fábulas recreadas en las sábanas de mi cama.
La vi ese día y como siempre me quedé callado, mirándola y deseándola en los dos metros que nos separaban; ella abanicó su pelo negro y largo; en su espalda se dibujaron mis labios y el deseo en ellos cuando llegó  el encontronazo y la emancipación de mi sexo inmaduro, al mismo tiempo que  mis pupilas se clavaron en sus pezones rebeldes y desnudos. Me abordó el frío de la impotencia y el calor del deseo me protegió.
-Ariagna, que...- traté de decirle pero me frené.
- Dime, que ando apurada, voy a casa de Yaima que tenemos que practicar para la gimnasia- espetó sin condolerse de mi agonía.  
Enmudecí por un siglo y ella se fue volando ante mis ventanas verdes y borrachas de tanta exquisitez.
No la seguí, recuerdo que hacía frío y me contenté con la flagelación personal en mi soledad protegida. 
Ariagna, Ariagna, que tetas, que nalgas.

-Raaúlll... señora, ¿Raúl se encuentra?- escuché en mi cuarto horas después.
-Rauli, te busca una compañerita de la escuela- dijo mi mamá con un tono salvador y conspirativo.
- Voy mamá- grité cuando ya estaba en la puerta de la casa. 
- Eh, ¿pasa algo?-pregunté.
- ¿Me puedes acompañar a casa de Belén?
-Claro- me apunté como buen servidor.
Y doblando la esquina en esa sombra bendita que da el pino en la noche, a la orilla del Círculo Infantil, sentí la incisión de sus labios en mi boca, y su lengua tocándome las ganas de un orgasmo prematuro y anticipado.
Me dejó respirar y encontrarme con la realidad desenfundada, mi cabeza mataba neuronas a quemarropa y su voz me llegaba como la salvación en el mar tormentoso de mis eyaculaciones anunciadas.
-Si no lo hago, jamás te atreverías- me dijo mientras su lengua saboreaba no sé qué de mis orejas.
Y quedé sordo, mudo y tonto.
- Es que... deja que te explique- balbucee.
Y sus pechos ya estaban en mi cara, en mis ojos, en mi boca, en mi alma.  Y no me importó más nada, ni el frío que no existía, ni la posible observación ajena.
Me recordó que era hembra, y muy hembra, que su sexo era deseado y cuidado, que yo era su fiel amante esa noche de locura improvisada en la que me llevaba a sus brazos de afrodita sureña.
Caminamos unos pasos más y traté de convencerla que detrás del Círculo la discreción era la favorita del barrio, pero ella alegó que aquella sombra nocturna y legendaria le acariciaba el deseo de una penetración calculada y silenciosa.
No recuerdo la fecha, ese día amaneció temprano para mí, no hubo puesta de sol, ni estrellas colgando del cielo con cocuyos desafiando el manto negro del barrio. Pero indudablemente se paró el tiempo ensordecedor y con él, toda mi prolongación sexual desentrenada, cuando disfrutaba del néctar de su piel y la saliva embriagadora de sus labios, los suspiros, las promesas, los me gustas con ‟pinga” y con todo, y yo me enamoraba de su sexo, de ella y también de su gimnasia, salvadora de mis placeres.
Diosa divina, recuerdo que le decía, con cada empujoncito descompasado y aprendiz. Gritaba en silencio un ‟ cásate conmigo mujer”  y se me detenía el tiempo con el corazón corriendo.
No nos volvimos a ‟ver” más. Ella me enamoró y me dejó mientras yo la amé y la adoré, hasta que pasados muchos años nos miramos y entre nos apareció el sexo de ocasión  y la pregunta de cuándo fue.
La verdad no recuerdo cuando sucedió o si aconteció lo de Ariagna, el sexo y yo.           

sábado, 2 de marzo de 2013

El ilustre Homocubanus.




Por: El Cojito Bibijagua.
A mi Ligy.

Es innegable para todos que la historia de la humanidad es la historia de las migraciones. Tantas escasez de alimentos y desfavorables condiciones climáticas forzaron a los pioneros de la especie a buscarse la vida en cualquier rincón posible.
Contaban con bastantes dificultades para movilizarse e instalarse. Una de ellas consistía en  que tenían que recorrer millas y millas a ¨pata limpia¨, caminando y escondiéndose de las fieras que querían diezmar la tropa. También las fieras tenían que poner patitas listas, porque cuando estos seres se ponían belicosos por causa de la demanda estomacal, les daba lo mismo fajarse con un Mamut que con un Diente de Sable, con tal de llenar la tripa.
Pero bueno, entre tantas penurias y necesidad de migración también tenían sus ventajas, porque los hombres antiguos no poseían pasaportes, ni visados Schengen, tampoco les urgía probar que eran algo más que unos tipos que querían buscarse la vida en otras tierras y seguir con su jueguito se sobrevivencia cazando Mamuts en el primer campo de batalla que se encontraran.
Y años tras años salieron de África y se mezclaron con Neanderthales y aunque no tenían Internet ni Facebook  los hombres primitivos se hicieron felices y comieron perdices.

La Evolución de la especie, recorre un número grande de eslabones, unos encontrados y otros perdidos. Y aunque estemos en constante proceso evolutivo aparecen nuevas especies que meritan de estudios y análisis. Surgen en estos contextos científicos el ilustre Homocubanus, sabio migrante con características propias y autóctonas de una tierra insular y caribeña.
El Homocubanus llegó a la mayor de las Antillas en canoa, desde tierras y aguas sureñas, también huyéndole al hambre y a todo lo que se le asocia. Así se mezcló con unos peninsulares que llegaron a exterminarlos y con negros secuestrados y maltratados, además de chinos, franceses, árabes, catalanes, gallegos, rusos, canarios, norteamericanos,  formaron el cóctel del homocubanus actual; sandunguero, problemático  ingenioso, buen amante, guerrero, sabiondo y emigrante.

 La Isla tuvo uno de los picos de estampida en pleno siglo XIX, con casi cinco mil setecientos residiendo en Estados Unidos en 1870 y alcanzando cifras históricas de vente mil inmigrantes en 1890. Caminando por la República Mediatizada se fueron a buscar trabajo por montones de miles y trabajando como locos,  reforzaron sudor a sudor el crecimiento económico en el sur del gigante norteño. 

Pasó el tiempo pasó y con la llegada de una revolución apurada y necesaria, los que se asustaron se fueron con las primeras luces de la mañana. Otros mandaron a sus hijos a un futuro desconocido, porque creyeron un cuento de camino que inventaron algunos enemigos reprimidos y peligrosos.
Pero no solo el Homocubanus salió por voluntad propia, algunos fueron botados y sacados del barrio donde vivían cuando los empaquetaron como escoria sobrante llevados a escuchar en inglés algo que nunca imaginaron entender.   
Y con años sumados, los miembros de esta especie llegaron a ocupar nada más y nada menos que el millón ochocientos noventa y un mil catorce de la población estadounidense. Balseros, exiliados, politiqueros, profesionales, padres de familia, hijos, hermanos, y amigos marcharon en búsqueda de una mejor vida a una orilla común.
Sobra la historia de los Danieles y los Pedros, integrantes  de una generación ochentera y desencantada.

Los Danieles forman parte de los Homocubanus, un clan acomodado y bienhechor, que    no venció a el hambre del Periodo,  pero a la que le dio guerra sin proponérsela.  
Los Danieles también migraron y se ubicaron en Factory y McDonalds, raspando los dolares anhelados en un clima  tenso y trabajador. Se convirtieron en demócratas y norteamericanos, anticomunistas modernos y siguen siendo los hijitos de papá. 
Crecieron adulterados por los estudios, y las materias básicas, pero maduraron en un copy and paste, que solo un tiempo mal aprovechado les regaló. Los Danieles, duermen en la intolerancia y la violencia; nunca fueron guapos y elegantes, siquiera sus retoricas navegaron en las aguas turbulentas de la historia. No vistieron zapatos rotos en su Cuba natal, y en la que ganaron en el exilio visten un corte caro y elitista.  
Aun así, maldicen a los que no piensan como ellos, o al menos a los que piensan diferente a cualquier fracción de la especie. 

Los Pedros, cuyo clan restauraba lo dañado por la miseria acumulada y quemaban sus talones a través de los agujeros negros de sus zapatos remendados, estudiaron algo con mucho esfuerzo, y amaron algo con poco de ello. Se fueron también, como cualquier clan hambriento y se mezclaron con la realidad inmediata de la lejanía natal. No hablan de otro sentimiento que del cariño a sus cuevas natales, a sus paisajes maltratados. Luchando caminan en una avenida dolarizada y querida, construyendo una vereda nueva para sus familias. No acumulan rencores democráticos ni vendidos, los Pedros respetan a  los Danieles y a sus clanes vecinos, no pierden las ganas de vivir encadenados en un pasado verdugo y en un futuro ilusorio.

El Ilustre Homocubanus, sabedor de rutas indescifrables, cree con vehemencia que el único migrante en la faz de la tierra con el derecho a navegar es él. Sin pretender escuchar sus dolencias propias y las ajenas, naufraga en el tiempo encharcado de las miserias acumuladas, sin vivir la cotidianidad de sus riquezas anheladas.