jueves, 20 de diciembre de 2012

Esto es entre nos, asere.

La conversación se aparecía con rapidez involuntaria. Siempre mezclábamos ideas y sueños, cuando de pronto y lejos de la parada en la que nos había dejado la charla bendecida con un buen roncito, dijo:
-Yo siempre dije lo que pensaba, allá, y aquí también digo lo que quiero, - me dijo Emilio, más colorao y alterado que de costumbre.
Lo miraba mientras pensaba en algunas de las cosas que más me ha gustado en la vida, un buen bistec de hígado de puerco, y la vista traspasaba la cortina de su rostro ¨disidente¨ y¨ valiente¨.
- Brother, ¿qué pinga é?- casi que gritándome.
- Discúlpame mi hermano, es que, ando medio comemierda en estos días y me distraigo muy fácilmente- dije convencido de mi respuesta.
- Lo que pasa es que allá, no me dejaban decir mucho, ya sabes que a la gente como yo, que pensamos como pensamos nos cerraban las puertas en todos lados.- seguía diciéndome Emilio.
-Asere, pero dónde tu decías esas cosas.- interrogué.
-¿Yo?, ah, déjate de historia ¨ambia, yo en las Asambleas de Rendición de Cuentas lo que metía era ¨candela¨,- con creencia absoluta me dijo.
- Emilo, asere, si tu nunca fuiste a nada de eso, malamente te presentabas en las votaciones esas de la Circunscripción, ni trabajo voluntario del CDR, ni ná de eso. La única vez que te vi en el barrio fue en la repartición del ¨Panda¨, y en las fiestas del 26, tomándote el ron mata rata ese, con Robertico el difunto, Rafe, Abelito diente e´ oro, y el hermano de él, que no recuerdo el nombre, a ver; ese que es pajero, o al menos en aquella época era un ¨animal¨ en el barrio y en tó Cienfuegos. 
-Déjate de cuento Agüi, que tú sabes muy bien que yo a Fidel y a  los comunistas esos no los pasaba, y que me fajaba con todos los chivatones.- Balbuceaba molesto.
-Está bien compadre, si tú lo dices.
- Y ahora lo que más me molesta es que de allá vienen una pila de gente que llegan y hablan bien de aquello, porque son unos descarados, unos trastes, chivatones arrepentidos.
- Asere, esto es entre nos, tu nunca fuiste disidente, ni opositor en Cuba, no trates de engañar a nadie que te conozco bien, deja de hacerte el valiente que hablar en la distancia te resta todo el valor o al menos el poco que te tocaba por ¨la libreta¨ de la vida. El lío es allá, si no protestaste por aquello, no lo hagas ahora queriendo engañar a una pila de ¨yumas¨ estos con tus historias inventadas, que créeme, das vergüenza. 
- Eh, ¿qué cojone es eso asere?
-Tú sabes, pa´ qué preguntas. Siempre estás en lo mismo con lo mismo chico. En tu puta vida, hablaste de represiones en Cuba, ni de torturas y censura. Tú desaprobabas los exámenes de Historia de Cuba, y aquí en España, si te hacen uno de este país, no coges ni puntos por poner tu nombre, déjate de ¨ películas ¨ ya compay, que te conozco como si te hubiera parido.
- Ah, pero es que aquí yo si tengo libertad de expresión y puedo decir lo que me dé la gana, y nadie me lleva preso por pensar como pienso.-Dijo con un ¨empingue¨ que se  le respiraba.
- Emilito, mi hermanito. ¿A ti no te da pena decir eso? Con más razón, te estás auto declarando el pendejo del año, asere. Si tanto te molesta el sistema ese por qué carajo te viniste a decir cosas en  esta plaza, o al menos si lo hubieras hecho allá, pasaría, pero, no sería mejor qué lucharas allá, comiéndote el cable de todo el mundo, en vez de estar gritando aquí, que eres un salvaje y que no vas a dejarles unos ¨fulas¨ al Fifo, pa que siga con su política  cuando en verdad vas a gastarte hasta la vida, además de todos los ahorros que en dos años puedes acumular ¨fiera¨.
No me respondió Emilio, buscaba en algún baúl añejado por el descuido, alguna frase histórica y concienzuda.
Yo, me llevé un trago de Ron caliente a temperatura ambiente, mientras se me mezclaba la imagen del bistec de hígado resuelto por mi abuela, cocinado por ella,  plátano frito y arroz de la bodega, con las palabras que acababa de lanzar a los receptivos oídos de Emilito.  
Al fondo de la escena, llegaba la voz de Willy Chirino, ¨ya vienen llegando, ya todo el mundo lo está esperando¨. Todo un himno, para los disidentes históricos, balseros, y opositores coloquiales. Yo la cantaba, al mismo tiempo, el ron me refrescaba una idea extraviada y Emilio me decía, que no ¨podía¨ con los comunistas, que no los soportaba.
- Y ahora estoy tomándome este ron con uno, que además canta las canciones del mejor de los soneros cubanos,- me dijo con mofa exponencial.
-Esto es entre nos, asere. Tú no sabes nada del comunismo y al parecer tampoco nada de música cubana. ¿El nombre de Benny Moré no te dice algo? No se puede ir por la vida hablando de los que no se sabe y no se hace, - dije apurando mi trago de ron cubano, lo abracé mientras abría otra botella pa ¨espantármela¨ con Emilito.


   





jueves, 13 de diciembre de 2012

¿Dónde está mi bandera cubana? Gritó Byrne.


-¿Tu no tenías lo ojos claros?
Me preguntó en cuanto me vio, después de saludarme con alegría y sobrellevada emoción.
- Verdes-, le dije rápidamente  y traté de abrirlos más para que notara el color que años tras años había escuchado decir que tenían  mis ojos.
Nos sentamos en aquella sala, desierta de emociones inventadas y llena de gente querida y extraviada.
-¿Qué tal el viaje?- interrogó.
-Entre la inmensidad de Barajas, la llegada a Lisboa, las luces de la ciudad, el sabor del vino, mi regreso a los pocos días a España con mi entrada triunfal a Sevilla y específicamente a Brenes, ando bastante contrariado y expectante,- le dije sin respirar.
-Tenías que haber venido primero a Granada compadre, estás de madre. Tienes que tener cuidado, ya esto no es Cuba. Aquí la gente es más sensible.
- Ya... -intenté decir.
-......además aquí te estábamos esperando todos, desde el primer día-, me decía mientras interrumpía mi exposición de palabras.
- Yo tengo otros amigos, que me esperaban igual, además se desplazaron hacia la frontera a más de 500 kilómetros para recogerme.- se me ocurrió decir la primera verdad, sin adornos ni excusas.
- Bueno ya da igual.
Los rones, cigarrillos de liar nuevos para mi universo, quesos, jamones españoles, vinos y una carne con una salsa bechamel conformaban la invasión directa a mi paladar criollo de arroz y frijoles.

Llegó la hora de los consejos, las expectativas personales, las ideas anti-totalitarias, el comentario político sumado a la visión general de una Patria ganada por el sacrificio personal. Con demora planificada luego de una charla amena y equitativa la despedida del día se hizo presente con la certidumbre de encontrarnos prontamente.
Dos besos en la mejilla, a la española, y la frase de costumbre me alejaron por unos dos días y varias horas de aquella cultura adquirida que  en pocos años se esforzaba en ser auténtica y autóctona.

El tiempo próximo me llevó hasta un bar en el mágico barrio El Realejo, en esa Granada lorquiana y magnánima.
Entre Alhambras 1925 y tapas marítimas, se desarrolló la conversación unidireccional.
Él con esa autoridad auto otorgada que da haberse leído unos libros, comentaba sobre un nacionalismo creado e inventado por algunos pocos, y disfrazaba con soberana autoridad que las insignias nacionales como aquella que no consideraba suya no eran más que inventos humanos que precisaban de la marginación actual.

-Todas encierran fronteras y manipulaciones políticas.- dijo sin reparos.

Yo escuchaba al mismo tiempo que me encontraba entre tapas andaluzas de salmón y la espada en la garganta con la lengua amarrada.
- Personalmente pienso que…, - iba a decir sin interrumpirlo.
-Compadre, deja que te explique, esta gente sabe lo que te están diciendo, ellos si saben de nación, banderas, y patriotismos inventados.- me dijo mi amigo, uno de mis cubanos preferidos de la época.
-Está bien Guillermo, mi hermano, todo eso está bien, pero de mi bandera y de lo que un cubano siente por ella, de eso no puede hablar él ni nadie.- espeté enérgicamente.
- Lo que pasa es, gordo e´ pinga,- y se reía con esta frase,- es que los cubanos están acostumbrados a la ‟muela” esa de que la bandera, el imperialismo, el capitalismo salvaje, y el cubanismo inventado ese. Eso es mierda  pura y manipulación, los españoles si saben lo que es eso, ellos no creen en banderas, ni en fronteras.
Aguanté la risa y las ganas de golpearle la nariz. La prosa de Bonificio me martillaba la cabeza, me descojonaba el alma, y me lanzaba a cargar al machete.
En las paredes de mi cráneo me golpeaban incesantes las palabras del poeta.
Orgullosa lució en la pelea,sin pueril y romántico alarde;¡el cubano que en ella no crea se le debe azotar por cobarde!
Las letras se me dibujaban en la cabeza, y la Alhambra 1925, fría y exquisita me susurraba control. 
¿No la veis? Mi bandera es aquella que no ha sido jamás mercenaria,y en la cual resplandece una estrella,Con más luz cuando más solitaria.
- Lo que pasa es que lo cubanos siempre estamos en lo mismo, no aprendemos, no queremos aprender. Rauli, está gente si sabe, que todo eso de las banderas es un invento pa´ manipularnos los políticos  y los poderosos, para crear fronteras. No te cierres compadre.- me golpeaba cada vez más.

El andaluz hacia cada vez más, gala de su teoría conceptual, y dibujaba con rebuscadas palabras de literato empedernido, su visión anti-nacionalista, y retórica anti falangista, que recuerdo muy bien que fue el único punto que encontré compartir con aquel culto señorito andaluz. 

Mientras tanto Byrne seguía recordándome sus versos.
Si desecha en menudos pedazos llega a ser mi bandera algún día...¡nuestros muertos alzando los brazos,la sabrán defender todavía!...
-Si la bandera española, ha pasado por tantas etapas, entre colonialistas, republicana, falangista, borbónica, españolista, porque se tiene que comparar con aquella, que no ha defendido más que la idea de ser soberana.- continué diciendo.- Además, la historia española en gran parte es una historia de colonialismo, mientras que las cubana es de independentismo, no me parece justo calificar igual estos conceptos nacionalistas y de desarraigos patrios. - exclame convencido de la fuerza de la idea.

- Escúchalo y aprende.- me dijo mi amigo cubano por nacimiento y español por papeles ganados.

Me quedé en silencio, convencido de que la cerveza me había aconsejado bien.
Y pasó la noche, pasó.

-Ya tu no vives en Cuba, -me dijo ella días después,- aquí las cosas son diferentes y mejores.
Yo sin temor alguno a equivocarme me quede con mi Cuba visceral, sin responderle y agenciarme un destierro particular e inventado, convencido que la Patria se vive y se carga con ella, sin esa necesidad emergente de tomarla  como pedestal. Y recordé al poeta decir otra vez.
En el fondo de obscuras prisiones no escuchó ni la queja más leve,y sus huellas en otras regiones son letreros de luz en la nieve...

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Una historia muy personal.


Cada ocho de julio, al amanecer terminaba con ellos en la cama, escuchando gráficamente los eventos asociados al paritorio de mi madre, los humos entrelazados del cigarro del Cojito con los de mi padre, más la desesperación y expectativa, de esa mañana esperada, constituían el oleo de la narrativa matutina.
Tremendo lío, esos dos seres juntos, se querían desde ya.
Me contaban, que mis ojos nacieron abiertos y observadores, que me contentaba con el indicativo de mi dedo zurdo en la boca, refrescando mis ansias de comer.
Con cuarenta y cinco días de hospedaje en este mundo, me dejaron en la sala de los más infantes del círculo infantil Niños Felices de la Primera de Tulipán. Ocho horas de trabajo que le daba a las cuidadoras, alimentándome, aprendiendo y durmiendo; pocos días después el Circulo entero  nos ingresó a la mayoría de los niños en el hospital de la ciudad, debido a una intoxicación provocada por un envenenamiento que causaron los opositores al Gobierno en el depósito de agua potable. Fui una víctima más de aquella inhumana acción. Sobrevivimos todos, nadie perdió el camino.
Cada día ocho de julio escuchaba parte por parte, como grabación invariable, las patadas que le daba a la panza de mi madre; las mismas patadas que años después lancé sin objetivo exacto en un Dojo de la calle Dorticos que bajo la lluvia cada tarde mis padres me llevaban y regresaban luego al Tulipán de todos los días. 
Ahí mismo en el barrio aprendí a crecer en altura e ideas. Nos refugiábamos, mi primo ¨pomponio¨ Pelo Saco y yo en un agujero antiaéreo que había hecho el marido de mi tía Iliana, en la entrada de la casa de mis abuelos. Tanto temor a una invasión gringa le apuró la capacidad de construir su guarida bélica. Bajábamos cada tarde al hueco hasta que abuela nos agarró con Yamury, la doncella del barrio, y la novia de todos nosotros, en pleno toqueteo infantil y descubrimiento de nuestra sexualidad emergente.
El pichón, Janvier mi primo, el dúo de Los Isleños, Totico, El bolo, El pelú, Lazarito, Orín el preservativo, Leopordo, Rafelito, Los preña carneras y El negro fueron integrantes indisolubles de aquellas pandillas mutantes, que entre juegos de bolas, trompos, y catanas, nos caíamos a pescozones constantemente. También estaba mi hermana y sus amiguitas, con el lenguaje de las PE, diciéndole a Migdrey, ¨TePe tenPegoPo quePe haPablarPa paParaPa miPi herPemaPanoPo noPo mePe enPetiPiendaPa¨. Toda una clave anti espía que me enverdecía de la rabia por no enterarme de sus amores pioneros.
La separación vino con el preuniversitario en el campo, el Dimas fue la gran escuela, guaperías deformes, fugas del trabajo agrícola, sexos rápidos y repartidos, broncas sin sentido en el albergue, alcohol casero, y un hambre que asustaba a cualquiera nos marcaron para siempre.
En esa escuela imprescindible decidí por voluntad autónoma agenciarme un carnet de la Unión de Jóvenes Comunistas, la entrega la harían en el Parque Martí, en medio de un acto por el 28 de enero, aniversario del natalicio del apóstol.  Llegué temprano acompañado por mi padre y nos encontramos la voz que anunciaba mi nombre a una multitud revolucionaria al mismo tiempo que visualizamos a otro Raúl, que con mis apellidos, recogía lo que me pertenecía. Primera decepción y derribo a la lona como el  KO, desorientador en el primer asalto.
Años después, con la misma voluntad y decisión personal abandoné aquel cartón fotografiado y firmado, por una conciencia más limpia y genuina.
Las antorchas de aquella noche, no alcanzaron para alumbrar mi militancia comunista en la organización.
Yo también les contaba, a veces, que en la Universidad, me encontré a un Otto que decía que había que hacer sacrificios; que la juventud es el motor principal de las Ideas, luego embriagaba ese mismo discurso entre una botella de Habana Club 7 años con cuerpitos del mejor camarón de la Isla y langostas prohibidas en un lugar no muy lejano, donde algunos lacayos garantizaban que la élite se sintiera cómoda, cuando los sacrificados jóvenes se nutrían con unos calamares fétidos y viejos en un comedor sucio y descuidado. 
Existió un ministro que decía en esa misma Sede, que si la necesidad obligaba, se iría caminando hasta Santiago. Que la falta de combustible no afectaría su trabajo. Otro que no era ministro ni na´, pero comunista de papel, decía que era cuestionable que el vicio del cigarro formara parte en la vida de un revolucionario. Tanta idiotez me hizo intentar abandonar el teatro, tronchándome la salida la vice-decana, que con mano estirada y autoritaria me dejó entrever que era imposible escapar de tanta estupidez. Recordé al Che con sus tabacos en la boca, también a Lenin con su pipa, y se me deshicieron en el suelo las ideas y la ilusión.
Cada ocho de julio, buscaba el calor de mis padres en esa cama legendaria y pacífica. Encontraba las mismas palabras que años tras años escuchaba sin perder detalle, y la historia era nueva y querida. Los humos, la voz anunciando mí llegada a la vida, la teta de mamá en la boca luchando con mi único índice zurdo. Creo que  nunca escucharé mejor historia.